Sr. Director:
El próximo 11 de febrero de trajinará, en Portugal, una votación
para la despenalización de la interrupción de la preñez.
La campaña publicitaria va a comenzar, por segunda vez desde 1998, los
lusitanos están emplazados para pronunciarse sobre la legislación
de 1984 que castiga con presidio de hasta tres años a la hembra que se
abandone a un aborto y de dos a ocho años, al cirujano que lo ejerza.
La plataforma “No, gracias”, que aglutina a todos los grupos provida
de Portugal, confía en darle un giro a los sondeos, como sucediera, de
modo notable, en 1998. Además, hace diez años, el jefe de Gobierno,
el socialista Antonio Gutierres, secundó el “no” a la despenalización
del aborto, al contrario de lo que apoyaba su partido.
Portugal posee una legislación sobre la interrupción voluntaria
del embarazo muy similar a la de nuestro país. La ley portuguesa despenaliza
el aborto durante las 12 primeras semanas de preñez, en caso de amenaza
de fallecimiento o de peligroso apuro para la salud física o anímica
de la mujer embarazada.
No se podrá desdeñar la trágica realidad del aborto secreto.
Millares de jóvenes lusas llegan, para abortar, a España y Gran
Bretaña. Los dispensarios abortivos particulares se están lucrando
de un pingüe beneficio. Según algunas fuentes, los abortos de hembras
en España asciende a 10.000, por lo que los dispensarios privados están
bajando al terruño vecino, para ocupar posiciones, ante el potencial
aumento de este sádico mercado.
“El aborto procurado es la eliminación deliberada y directa de
un ser humano en la fase inicial de su existencia. Jamás se puede justificar
la eliminación de un ser humano inocente que debe ser respetado y tratado
como una persona, desde el mismo instante de su concepción”, afirmó
Juan Pablo II.
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