Ansiedad depresiva

 

Kerrin Gerson tuvo una pequeñez turbulenta. Hoy tiene 39 años y no sigue ningún régimen, ni medicación alguna y es más dichoso que nunca. Según la revista Forbes, Kerrin exploró la Psicología Clínica (Cognitive Behavioral Therapy (CBT) y le sobrecogió que su médico, el psicólogo Steven Hollín, de la Universidad de Vandderviit, no se ocupara de investigar sobre su rebelde niñez, se centró en reformar el presente. Le hizo redactar un elenco de tareas diarias y le dictó faenas a desarrollar, como salir a corretear o dialogar con sus incondicionales. Le animó a desenmascarar sus virulentas cavilaciones acerca de sí misma y la persuadió de que aquello eran deformaciones de la realidad.

Ésta es la particularidad de la Psicología Clínica: la melancolía, la angustia y otros padecimientos no son la raíz de un torrente de pensamientos. Destruir a los enfermos raciocinios es una forma de cortar las infames indolencias. La CBT renuncia a la permanente indagación de las llagas del ayer, educa al enfermizo a evitar que los malos pensamientos penetren, hoy en su ánimo y le alecciona a superarse.

Harthur Barsky, psiquiatra de Harvard, que ha ensayado la Psicología Clínica, afirma que "estamos comenzando a pensar que lo que uno piensa tiene una poderosa influencia en los síntomas. Primero vienen las ideas que provocan ansiedad y luego se producen las emociones".

En tres lapsos de tiempo, el tratamiento CBT ha demostrado ser eficiente en bastantes padecimientos mentales: depresión, ansiedad, ataques de pavor, estrés e incluso el insomnio. En estos momentos se están cuajando unos ensayos clínicos para conocer si la Psicología Clínica puede proteger, también, a pacientes con adicción al juego, a la gordura o con el intestino irritado.

La CBT (Cognitive Behavioral Therapy) brinda unas ventajas que los medicamentos no dan: le hace a uno trocar la forma de cavilar sobre sí mismo.

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